Lectura continuaLucas 7, 36-50Nácar–Colunga · 1944Pasa el cursor para recorrer el texto. Pulsa un versículo para abrir su historia. Versículo muy variable Término poco estable36Le invitó un fariseo a comer con él, y, entrando en su casa, se puso a la mesa.37Y he aquí que llegó una mujer pecadora que había en la ciudad, la cual, sabiendo que estaba a la mesa del fariseo, con un pomo de alabastro de ungüento,38se puso detrás de El junto a sus pies, llorando, y comenzó a bañar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con los cabellos de su cabeza, y besaba sus pies y los ungía con el ungüento.39Viendo lo cual, el fariseo que lo había invitado dijo para sí: Si éste fuera profeta, conocería quién y cuál es la mujer que le toca, porque es una pecadora.40Tomando Jesús la palabra, le dijo: Simón, tengo una cosa que decirte. El dijo: Maestro, habla.41Un prestamista tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios; el otro, cincuenta.42No teniendo ellos con qué pagar, se lo condonó a ambos. ¿Quién, pues, le amará más?Variación alta43Respondiendo Simón, dijo: Supongo que aquel a quien condonó más. Díjole: Bien has respondido.44Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa, y tú no me diste agua a los pies; mas ella ha regado mis pies con sus lágrimas y los ha enjugado con sus cabellos.45No me diste el ósculo de paz, pero ella, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies.46No ungiste mi cabeza con óleo, y ésta ha ungido mis pies con ungüento.47Por lo cual te digo que le son perdonados sus muchos pecados porque amó mucho. Pero a quien poco se le perdona, poco ama.48Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados.49Comenzaron los convidados a decir entre sí: ¿Quién es éste para perdonar los pecados?50Y dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, vete en paz.